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El mate que borra distancias

Hace treinta y tres años que Edgar Miranda Lavezzari emigró a Estados Unidos, y el mate ha sido el cordón umbilical que lo ayudó siempre a mantener vivo el recuerdo de su querida Argentina, así como la vivencia de los amigos, la familia, los paisajes y el folklore del país. Hoy comparte su experiencia con el mate en Estados Unidos, donde él y sus hijos mantienen viva la cultura matera.

Edgar tiene cinco hijos, dos de ellos nacidos en USA, y son fervientes tomadores de mate -algunos más que otros- entre ellos el mayor que es militar allí en Estados Unidos, y ha llevado el mate hasta lugares tan lejanos como Afganistán. Describe al mate como símbolo de su familia», y de hecho tiene una gran colección de mates que siempre le llevan sus amigos y familiares como recuerdo apreciado.

«Tenemos muchos conocidos gringos y todos los que nos visitan no se van sin probar el mate, incorporándose muchos de ellos al hábito de tomarlo. Hay entre ellos algunas anécdotas graciosas. Uno de ellos cuando recibió el primer mate no sabia que hacer con él, entonces tomó la bombilla con su mano, lo revolvió y se echó el contenido a la boca de un trago, lo que provocó una consabida carcajada de todos los asistentes», relata Edgar.

Durante los primeros años de estadía en el país de norteamérica, a Edgar le resultaba bien difícil conseguir la yerba, sumado a que no estaba bien visto tomar mate en lugares públicos tales como parques, picnics, etc., ya que la gente pensaba que el mate era algún tipo de sustancia extraña. Luego con el correr de los años se fue conociendo y haciendo público su verdadero significado. Para eso, ayudó la «onda naturista/orgánica» que comenzó allí hace aproximadamente 7 años atrás. Fue así como se comenzaron a vender pequeñas «cajitas de Mate», así llamadas en las tiendas naturistas, en donde se la vendía como una curiosidad, algo exótico, para dar a conocer los beneficios de esta infusión. En aquel momento una cajita de 100 gramos costaba alrededor de diez dólares, por ser un elixir saludable traído de las selvas paraguayas y argentinas.

«Durante mucho tiempo hemos peleado para conseguir la yerba en los paquetes regulares como se vende en supermercados», confiesa Edgar, ya que en ese entonces no se conseguía la yerba empaquetada como sí en países latinoamericanos. Aunque con los años se fue generalizando el hábito: «ahora hay varios lugares en donde se consiguen varias marcas y aún se pueden comprar los termos materos. Es regla que si alguien viaja a la Argentina trae una carga de paquetes de yerba de distintas marcas y sabores».

En cuanto a la rutina que lleva Edgar en torno al mate, lo primero que hace al despertarse por la mañana, incluso antes de lavarse la cara, es poner la pava con el agua para luego preparar el mate. «En mi condición  de persona jubilada tengo el privilegio de tomar el mate a la hora que me place en compañía de mi esposa y mis hijos. Entre las cosas dignas de mencionar, tengo manchas de mate en muchos de mis papeles importantes, lo que es para mí un sello de mi argentinidad»

Edgar se define como «un convencido de los atributos del mate, no solo los físicos, sino aquellos que tanto valoramos como es el hecho de que es una muestra de amistad, de compañerismo, de hacerte sentir bienvenido en un lugar donde se comparte el mate» Y reflexiona pensando que «muchos de los problemas  mundiales se arregalarían si en la mesa de conversaciones se compartiera el mate». Con un abrazo matero a la distancia, Edgar se despide yendo a preparar su hora de mate, compartiendo una imagen de Inodoro Pereyra y Mendieta, personajes típicos de la historieta argentina. Así como a ellos los une el mate, a nosotros también, a pesar de las distancias…

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